La Cuenca de los Ríos de Piedra

El presente documental busca ahondar en las experiencias de cuatro personas mayores cuyas vidas fueron tocadas por alguno de los causes y cuerpos de agua de la Cuenca de México en un momento histórico en el que este elemento aún contaba con mayor presencia en la ciudad. Se trata de una reconstrucción desde la memoria de cómo hemos vivido y convivido con el agua a través de la mirada de quienes han experimentado de primera mano las profundas transformaciones de una ciudad que fue expulsando el agua poco a poco y sustituyéndola por capas de concreto. La narrativa multivocal se convertirá en un mapeo de las memorias de los más viejos, que se evaporan y yuxtaponen a la menor provocación, para mostrar la historia cotidiana de la explotación del agua en la Ciudad de México.

 


Teaser

Motivos del director

Cuando tenía siete años, mi abuela me llevaba al metro Zócalo a mirar las maquetas que representan la antigua ciudad de Tenochtitlán. Ahí, varios metros bajo tierra, caminando por túneles transitados y bulliciosos, era difícil imaginarse que toda esta zona había sido parte de una ciudad rodeada de agua. La multitud y el calor no tardaban en expulsarnos de la estación de metro, pero siempre me preguntaba “¿qué habrá pasado con toda el agua?”.


Con los años, he visto inundaciones y sequías golpear el D.F., y he visto también cómo ríos y lagos han sido poco a poco cubiertos de concreto o han sido convertidos en basureros. Al platicar con Hugo, mi amigo, varias veces nos preguntábamos sobre lo que había pasado con el agua, nos preguntábamos por los ríos que todavía la atraviesan y por todas las historias relacionadas con el agua de la ciudad. ¿Cómo era la relación que mantuvieron con ella nuestros mayores?, ¿cómo será la que mantendrán los habitantes más jóvenes de esta ciudad con el agua?

 

Investigando acerca de los cuerpos de agua que aún existen en el Valle de México, encontramos que cerca del aeropuerto, dentro de una unidad habitacional, hay un manantial de aguas sulfurosas, que aún hoy funciona como un baño medicinal. Ahí conocimos a Don Nacho, que desde hace sesenta años trabaja como bañero1. Al platicar con él acerca de su trabajo nos dimos cuenta de que aún vive una generación de personas que crecieron, jugaron y comieron cerca de los ríos y lagos que formaban parte de la Ciudad de México. Ellos experimentaron de cerca la transformación de esos lugares. En ese momento, comprendimos que hay muchos relatos alrededor del agua y cómo fue desapareciendo a medida que la ciudad crecía. Así, se nos abrieron nuevas perspectivas para pensar en torno a la ciudad, la memoria y las maneras en las que utilizamos el agua y convivimos con ella. En ese momento, surgió la idea de hacer un documental que, a partir de los recuerdos y memorias de estas personas, hoy adultos mayores, registre la historia por la cual el agua fue confinada a tubos y cisternas, y dejó de ser parte viva de la ciudad.


Como en muchos otros lugares, la historia del agua ha sido difícil y complicada en la Ciudad de México. Queremos sumarnos a la reflexión sobre este recurso indispensable, pero no desde la denuncia, sino registrando los recuerdos de la gente que vio cómo la ciudad lacustre en la que crecieron sus padres se convirtió en una ciudad terrestre.

Personajes

Nuestros personajes son adultos mayores que crecieron junto a un río, un canal o un lago de la Ciudad de México, o que mantienen una relación de cercanía con estos lugares. Al revisitar lugares que fueron significativos para ellos, reconstruiremos lúdicamente sus recuerdos y traeremos de vuelta reminiscencias y anécdotas.

Mi abuela, Alma del Rosario (92) creció en la Colonia Roma, en una orilla del Río de Piedad. Ahí, ella y su hermano Enrique jugaban a lanzar barcos de papelal río; y en época de lluvia, veían como el cauce del río se desbordaba, creaba avalanchas de lodo y arrastraba todo lo que encontraba a su paso: animales, carros, ramas de árboles, etc.

Facundo Rodríguez (87) es músico. Él creció en el Pueblo de Peñón de los Baños, donde solía nadar y jugar con sus amigos en los arroyos que bajaban del cerro del Peñon. Después, Facundo montaba su burrito e iba a llevarle el almuerzo a su padre que era Granicero hasta el Lago de Texcoco. Ahí le ayudaba a pescar y a recoger ahuautle. Donde Facundo jugaba, hoy está emplazado el Metro Oceanía.

Ignacio Olvera (89) nació en Ranchería Laguna Escondida, Guanajuato. A sus 20 años, migró a la Ciudad de México, donde se estableció en Pantitlán, en el área metropolitana. Después de hacer varios tipos de trabajos, desde hace 60 años
se desempeña como bañero y masajista en los baños medicinales del Peñón.


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